«Lo Que Queda Del Día»: Una vida desperdiciada
Fabián Montoya analiza la película «The Ramains Of The Day», uno de los grandes clásicos del cine de los años 1990

The Remains of the Day, de 1993, es fue uno de los mayores éxitos del director norteamericano James Ivory, que contó con las actuaciones de dos grandes: Anthony Hopkins y Emma Thompson, nominados al premio de la Academia. Lo Que Queda del Dia es según muchos críticos una reliquia del cine moderno, como pocas producciones de nuestro tiempo. El eje central de la película es un legendario mayordomo inglés, Stevens, un hombre que desperdició su vida amorosa y sentimental encarcelado en las tradiciones de la sociedad inglesa de la pre-guerra.
Es un film de alto valor artístico: el vestuario, la música, la fotografía, la dirección, las actuaciones,… todo está hecho con una calidad sorprendente. Así mismo, su contribución histórica y la temática política enriquecen su contenido: la imagen de la Inglaterra de aquella época queda muy bien plasmada: sus costumbres, el manejo político, sus paisajes, encierran un estupendo valor educativo. Lo que queda del Día es «una nueva y fascinante tragicomedia de alto orden de entretenimiento… un trabajo exquisito.» (1). Todos estos ingredientes permiten la presencia de la ética en esta pelicula.
A continuación se desglosaran los 8 puntos de análisis para Lo que queda del Día.
1. TEMA: La naturaleza humana y sus organizaciones sociales. El sentido del Servicio hasta el limite del agotamiento de la propia vida
2. TRAMA: Es la historia de Stevens, mayordomo de la casa Darlington, que hace de su oficio un altar. Está dedicado y comprometido al servicio incuestionable e irrenunciable a un aristócrata: su amo, bueno o malo. Su vida ha transcurrido enfrascada en la organización de conferencias de paz. Stevens descuida a su padre moribundo y niega su amor por el ama de llaves con la que trabaja, la señorita Kenton. Años después, muerto el amo, la casa Darlington cambia de dueño. Stevens examina su vida con visión restrospectiva: es un viaje a su interior.
La trama de Lo Que Queda Del Día va envolviendo al espectador en el manto de la realidad humana de una sociedad particular. La manera como se desarrolla la historia de Stevens es elegante, ordenada y estética como el mismo personaje. «Como otra pieza de Merchant-Ivory-Jhabvala, es mucho más de lo que parece en un principio. Es una historia triste, adorable acerca de la calidad delgada de gracia, y las demandas terribles que hacen aquellos que valen más.»(2).
El amor que nunca se hizo realidad entre Stevens y la señorita Kenton mantiene todo el tiempo de duración de la película pendientes a los espectadores, estupefactos con la rigidez y esclavitud de Stevens encerrado en sus propias reglas que no le permitieron exteriorizar sus sentimientos. Es tal vez el sabor más importante que deja está película: la sorpresa por la rigidez de esa sociedad y sobre todo de ese hombre: insensible y robotizado. «Dos seres que, perfectamente, hubieran sido el uno para el otro, sucumben a los altos intereses de la sociedad en que se mueven». ( 3 ).
La trama de The Remains Of The Day es en definitiva, muy interesante, diferente y sobre todo bien manejada. «Su intensa declaración de humanidad, su delicada puesta en escena, el nivel de sus actuaciones, la hacen una de las experiencias más satisfactorias del cine». (4).
3. GUIÓN: Ruth Prawer Jhabvala, basado en la novela de Kazuo Ishiguro.
Un resumen de lo que narra esta novela, original de 1988:
Inglaterra, poco después del fin de la Segunda Guerra Mundial. La casa de campo grande del último Lord Darlington ha sido comprada por Lewis, un anterior diplomático Americano. Lewis encuentra que tiene un mayordomo viejo «heredado» de Darlington, el Sr. Stevens, un hombre que recuerda de una visita que hizo a Inglaterra antes de la Guerra. Stevens está presionando duro para obtener que la casa tenga todo el orden de trabajo antes de que la familia del diplomático llegue. No obstante, Lewis está de acuerdo con Stevens y le solicita un tiempo de descanso, y le presta su propio Daimler. Stevens planea viajar a País de Oeste, donde espera atrapar a la vieja ama de llaves, Señorita Kenton, a quien necesita atraer de vuelta al servicio, siguiendo la ruptura de su matrimonio.

La acción vuela al pasado: a los 30s, cuando el Salón de Darlington estuvo en su punto alto. Poco después la Señorita Kenton llega en plano mayor, Stevens aborda a Lord Darlington y le pregunta si pudiera reclutar a su propio padre como el bajo- mayordomo. El Sr. Stevens padre tiene una larga experiencia como mayordomo, pero está en edad avanzada. La señorita Kenton avisa al Sr. Stevens que su padre no está para sus tareas, pero él la ignora. Una tarde, Stevens padre resbala mientras lleva una bandeja de té. Lord Darlington está calmado, pero preocupado. Ha citado una conferencia en relaciones Anglo-alemanas que, dice Stevens, es vital para intereses Europeos: Un descuido podría llevar a tener resultados desastrosos. Stevens mueve a su padre a tareas más ligeras.
Durante la conferencia, todos los delegados excepto Lewis, el diplomático Americano, apaciguan a los visitantes Nazis. A mitad de la conferencia, mientras se realiza la reunión, Stevens Padre cae enfermo y muere. Aunque altera la situación, el Sr. Stevens continúa asistiendo sus tareas. El cariño de la Señorita Kenton hacia Stevens ha crecido. Una noche, le visita en su cuarto privado, y lo encuentra leyendo. Momentáneamente, él parece acercarse a un beso, pero Stevens recobra su tranquilidad y le despide. Decepción agria para la Señorita Kenton, que abandona al tiempo el Salón de Darlington para casarse con otro mayordomo, el Sr. Benn, y para ayudarlo en los trotes de una casa de huéspedes. Una noche, hay una reunión secreta en la casa entre el Primer Ministro y el embajador Alemán. El periodista ahijado de Darlington, Cardinal, escribe un articulo y apaciguadamente aborda a Stevens, quien responde que no presta ninguna atención a los temas de política.
En la ruta para visitar a la Señorita Kenton, Stevens se queda sin gasolina, y busca ayuda en una taberna cercana, donde los locales lo confunden con un político. El día siguiente, el doctor local le da combustible al Daimler. El doctor está fascinado escuchando que Stevens sirvió a Lord Darlington, que ha estado desacreditado en la prensa como un traidor, y había muerto no mucho tiempo después de la guerra.
Stevens defiende a su maestro anterior. Finalmente, él y la Señorita Kenton tiene su reunión. Rememoran sobre todo, en un hotel, pero ella rehúsa regresar a Salón de Darlington. Su hija está embarazada y Kenton necesita estar cerca mientras tiene el bebé. Kenton se dirige hacia su omnibus y dice adiós, probablemente para siempre.

Según conocedores de la novela, en el libro, quizás, la casa Darlington puede parecer un vasto mausoleo que mantiene sirvientes. En pantalla, el buen sabor visual claro con que el lugar está retratado, gracias a Ruth Prawer Jabvala: cocineros alegres en la despensa, cenas elegantes, bares rústicos, etc. La mayoría de la historia está dicha por medio del flash back. Stevens es el narrador de la novela de Kazuo Ishiguro de 1988, Lo que queda del Dia, drama tan delicado que toca al espectador profundamente. (Kazuo Ishiguro nació hace 36 años en el Japón, pero se educó en el Reino Unido. Su obra literaria goza de buenos comentarios por parte de la critica, destacándose el fino inglés y la transmisión de intensas emociones).
La introducción de la película se da en el tiempo posterior a la guerra, cuando Lewis, el Americano, es el nuevo dueño de la casa Darlington y permite a Stevens viajar para recuperar a la antigua ama de llaves, la señorita Kenton. El nudo del film lo conforman los flash back que Stevens introduce en su viaje, transportándose a aquellos días cuando servía a Lord Darlington y vivió la época de las reuniones políticas internacionales, el intenso trabajo, la muerte de su padre y su frustrada relación con la señorita Kenton. El desenlace se da cuando por fin Stevens vuelve a reunirse años después con la ex-ama de llaves, y el volver a Darlington para ella no es posible. Entonces el adiós para siempre es un hecho. Termina con la rutina del mayordomo sirviendo a su nuevo amo, Lewis.
«La película es muy fina en la descripción de Lord Darlington. No es el típico traidor a la patria de las películas sobre nazis; es sólo alguien que, a partir de un pacifismo mal fundamentado, termina siendo aprovechado de mala manera» ( 5 ). Lo que queda del Día es una película «de un contexto social y político de señores y siervos que deforma a las personas en su misma estructura humana. No es Lord Darlington el personaje, sino Stevens, su mayordomo, siervo e hijo de siervos. «(6).
La descripción estupenda de las costumbres inglesas de la época es uno de los grandes méritos del guión o adaptación de esta película. Igualmente el mundo de los personajes: sus miradas, su vestuario, su entorno, sus proyecciones están explícitamente latentes en el film. Pero tal vez, una de las riquezas principales de la narración de The Remains Of The Day radica en el sentido contundente de algunas escenas: situaciones que generan una alta dosis de emoción. Por ejemplo, para la revista News-6week (noviembre 8 de 1993) «la escena más dolorosa de la película ocurre cuando un huésped de Lord, quiere probar que la gente de la plebe no entiende sobre temas políticos y le pregunta a Stevens sobre dicha problemática. El mayordomo responde: lo siento Señor, no puedo ayudarlo en ese campo». Otras escenas inolvidables para los críticos y el público son: cuando el la anciano padre de Stevens gotea liquido en su nariz al servir el vino, cuando señorita Kenton acosa a Stevens para saber que está leyendo un libro romántico, o la escena de la lluvia en la despedida. De veras esta historia es muy rica en la descripción de espacios, personajes, tiempo e historia.
Cinematográficamente la película termina con la acción de Stevens sacando una paloma de la mansión Darlington. Una metáfora.

4. ACTUACIÓN: La actuación de Anthony Hopkins fue muy bien catalogada por parte de la critica internacional. Después de ganar el Oscar por El Silencio de los inocentes, Hopkins ha estado nominado por Howards End y Lo que queda del Dia. Para el aspecto técnico de su papel como Stevens pidió asesoría de Cyril Dickman, mayordomo jubilado que había servido cuarenta años en el Palacio de Buckinghan a la reina Isabel y después al prÍncipe Carlos.
Según el Miami Herald (11-5-1995), dos escenas resumen lo mejor de Hopkins en el film: la primera es cuando es informado sobre la muerte de su padre: «la cena tiene que estar terminada primero, y entonces después de la reunión en la comida, los brindis, los tabacos, sólo después él podrá atender sus propias cosas». La otra, es la del interrogatorio de uno de los amigos de Darlington para demostrar la poca idoneidad de la plebe en política: «el rostro de Hopkins hace una máscara de frustración y (bien ocultada) rabia. Es un momento terrible». Varios críticos coinciden en afirmar que Hopkins siempre ha sido un especialista en sugerir un sentido de inocencia herida. En cuando a su expresividad acerca de la relación con la señorita Kenton, Luis Alberto Álvarez (Kinetoscopio, # 24 ) dice: «en su rostro leemos el sacrificio enorme que para él representa prescindir de una relación que en el fondo añora». Añadiendo además: «la grandeza de la actuación de Hopkins está en el aprovechamiento de la que, según se cree, debe ser la mejor cualidad de un mayordomo: el saber permanecer impasible, refrenando cualquier tipo de emoción».
El personaje que interpreta la también varias veces nominada al Oscar, Emma Thompson ( Miss Kenton ), tiene el matiz de «una mujer lúcida, al mismo tiempo consciente de lo que sabe y puede y capaz de demostrar sentimientos, afecto, sin avergonzarse de ello» (7). La actuación de Emma Thompson, igualmente confirma los dotes mayúsculos de esta actriz, y, en el caso de Miss Kenton la gestualidad importante de la mirada «cargada de deseo y timidez”( 8 ).
El señor de Darlington Hall (James Fox) es un hombre solitario. En su rostro refleja su debilidad, su amargura, su tormento. Lewis, el nuevo amo (interpretado por Christopher Reeve) es «un americano de corte kennedyano, quien se permite ciertas confianzas y familiaridades indebidas» con Stevens (9). El personaje que genera el sentimiento inevitable de lamentación y pesar es el padre de Stevens (Peter Vaughan), quien transmite toda la torpeza del anciano que ya no puede ejercer a plenitud sus labores. Hugh Grant interpreta al ahijado de Darlington, dándole un toque de alegría y expontainedad, como contraste a toda la seriedad y rigor de la casa Darlington.
Todos los actores son de primera línea. La dramaturgia expresada en este film es una mina de oro, bien lograda para la posteridad.
5. DIRECCIÓN: James Ivory nació en Berkeley, California en 1928. Estudió Arquitectura y Bellas Artes. En 1953 hizo su primer cortometraje Four in the Morning. Desde 1963 ha realizado varios filmes con el productor Ismail Merchant, la gran mayoría de ellos en Inglaterra y no en Hollywood. Entre sus obras se destaca Retorno a Howards End.
El viejo dicho «se nota la mano del director» es contundente para el éxito obtenido por The Remains of the Day. Una vez más James Ivory trabaja el tema de la cultura inglesa. La atmósfera de la época, de la casa Darlington, de la sociedad inglesa, de la calle, de la dramaturgia, la puesta en escena,… Ivory corrobora su genialidad, su orden y su brillantez para trabajar la temática cultural, en una época difícil.
Gilberto Bello, en El Espectador ( 4-17-1994 ), resumió muy adecuadamente la dirección de James Ivory en Lo que queda del Dia: «Ivory expone su maestría, sus misterios y con la delicadeza subterránea capaz de ingresar a las profundidades. Hizo un film dramático en el sentido más claro del término, elaboró una lección de cuidado y maestría, recuperó para el cine la secuencia abierta, la atmósfera como elemento fundamental del sentido. Lo que queda del Dia, significa, sin más ni menos, una luz, valiosa luz, inserta en la sombra que hoy cubre al cine».
6. CÁMARA y FOTOGRAFÍA: La película utiliza la cámara como un espejo de la represión de sus personajes. El director James Ivory y el director de fotografía Tony Pierce-Roberts recurren a planos cerrados y ángulos que simulan una mirada oculta para retratar los deseos reprimidos de Stevens (Anthony Hopkins). Emplean encuadres restrictivos, composiciones voyeuristas y planos detallados para externalizar la estricta contención emocional del personaje.
La arquitectura de la mansión funciona como una prisión de cristal: las ventanas y puertas actúan como barreras visuales que separan a Stevens de la señorita Kenton (Emma Thompson), simbolizando el peso de las normas sociales y materializando las barreras de clase y de deber. Además, la cámara se detiene de forma prolongada en el rostro de Hopkins para capturar esos mínimos gestos y silencios que exponen la dolorosa distancia emocional entre ambos sirvientes. Planos generales que sitúan perfectamente al espectador en la Inglaterra de la pre-guerra: la carretera solitaria, la casa Darlington (al final una bella toma aérea ), los corredores amplios, las escalas, la majestuosidad de las reuniones (hermoso plano aéreo de la mesa gigante ), las calles en la noche, los inmensos corredores.
Planos medios y primeros que descubren magistralmente lo que esconden los personajes: las miradas de Miss Kenton, la frustración de Stevens, la soledad de Darlington, la alegría de Cardinal. Primeros planos inolvidables como el último apretón de manos hasta soltarse bajo la lluvia de Miss Kenton y Stevens.
La fotografía en Lo Que Queda Del Día es una pintura acertada de la Inglaterra que se nos quería mostrar. Fotografía de alta recordación: bella casa Darlington, majestuosos corredores, clásica noche de bares ingleses, y tal vez la de más alta recordación, la hermosa toma cuando Stevens se queda sin gasolina en la carretera: al fondo un espectacular paisaje con un sol gigante.
7. MÚSICA: La música de Lo Que Queda Del Día, compuesta por Richard Robbins y nominada al Óscar, es una pieza clave para entender la psicología de su protagonista: funciona como un correlato sonoro de la represión del personaje. A través de un enfoque minimalista, la partitura utiliza melodías cíclicas que evocan la rutina estricta e inalterable del mayordomo Stevens. Se puede entender a través de estos cuatro pilares:
– La jaula de los sentimientos (Stevens): El piano repite las mismas notas una y otra vez para mostrar cómo el mayordomo Stevens oculta lo que siente y cumple sus tareas a ciegas. Muro invisible: Esta melodía repetitiva funciona como una barrera que no le permite conectar con su propio corazón ni acercarse a la señorita Kenton.
– Las reglas de la mansión (Darlington Hall): Los instrumentos de viento-metal suenan imponentes para recordar la grandeza, el orden y la estricta disciplina del palacio. Un mundo rígido: La música representa las jerarquías de la casa, demostrando que las reglas de la época eran sagradas e inquebrantables.
– El ritmo del trabajo diario (La cocina): En las zonas de servicio se escuchan percusiones y maderas que imitan el ritmo mecánico, rápido y coordinado de los criados. Dos mundos: Este ajetreo lleno de energía en las entrañas de la mansión choca de frente con el silencio tenso de los salones principales.
– El reloj del pasado (El arrepentimiento): Con los años, la melodía principal deja de ser una armadura protectora y se convierte en un lamento por todo lo que se perdió. El peso del silencio: En la despedida final de los protagonistas, la música desaparece por completo para hacer más doloroso todo lo que nunca se dijeron.
CITAS
(3), (4), (5), (6), (7), (9). ÁLVAREZ, Luis Alberto. Revista Kinestoscopio, #24. Pág 43-46. 1994.
(2) Miami Herald. Mayo 11 de 1993. Weekend.
(1) Revista Video Alert. Marzo- Abril de 1993, pág 5.
BIBLIOGRAFÍA
Cartagena festival. 1994.
El Espectador, 17 de abril de 1994. Cine de la Semana.
El Mundo, 19 de marzo de 1994. Pág 8.
L.A. Weekly, 11 de mayo de 1993.
ICA
Miami Herald, 11 de mayo de 1993 Weekend.
New Sweek. 8 de noviembre de 1993. Pág 78.
Revista Kinetoscopio, # 24. Págs 43-46. 1994
Revista Time. 8 de noviembre de 1983.
Lotero
Revista Video Alert. Marzo-Abril de 1993. Påg 5.









